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domingo, 25 de enero de 2009

Mi vida no quedó volcada


El primero de noviembre amaneció muy lindo. El sol brillaba, el cielo estaba decorado con nubes de diversas formas y tamaños, el viento agitaba las hojas de los árboles, el frío se colaba un poco a través de la ropa.

“Nohely, levantate ya, vamos a ir a enflorar a tu abuelita a Suchitoto”, me dijo mi madre. Había que ir a cumplir con Mamá Lina; primer año sin ella, no le podía fallar. Me fui a vestir. Mientras lo hacía se me cruzó un pensamiento extraño. Veía mi pantaloncillo capri y me imaginé qué feo sería si perdiera la mitad de mis piernas .Dejé esos miedos internos y seguí arreglándome para ir a Suchitoto.

Luego, desayuné junto con toda mi familia y les expresé que quería ir, pero no tanto. Sentía que algo malo sucedería. Antes de subirnos al carro, revisamos nuestros documentos e hicimos una oración.

Siempre que viajo, incluyo en mi equipaje todo lo necesario. Ese día, llevaba toda mi colección de CD’s, mi Biblia y como me aburro rápido, los libros El Diario de Ana Frank y Andanzas y Mal Andanzas se incluyeron en mi kit anti depresivo para viajes largos y tediosos. Por supuesto, no podían faltar mis cremas, lociones, una blusa de cambio, un suéter y mi adorada camarita fotográfica para poder sentirme completa y tranquila.

En todo el camino, iba molesta, sin motivo alguno. Al fin, llegamos al cementerio de Suchitoto y dejamos las flores en la tumba de mi abuelita.

Mi maestra de historia, Elena, nos había dicho que si íbamos a un cementerio, nos fijáramos en las tradiciones. Como andaba mi cámara, aproveché para tomar foto a los niños que limpiaban lápidas, a la gente, y aquí empieza lo raro de nuevo, comencé a fotografiar tumbas muy feas. Había una con unos ángeles sin cabeza, otra con un retrato del año 1800 y unas casi destruidas, pues ya tenían 100 años de estar ahí.

No concibo porquè quería esas imágenes, actuaba muy fuera de lo normal. Al salir del cementerio, fuimos a la casa que era de mi abuela, hicimos limpieza y encontramos cartas que le habíamos dado a ella en el año 2000. Mi hermana, mi papá y mi mamá se sintieron nostálgicos; yo, un poco.

Después, decidimos ir a almorzar al restaurante “La Fonda”, tiene una hermosa vista al lago Suchitlán. Mientrás comíamos, se desató un desagradable olor, semejante al hedor de pudrición. Salimos rápido del lugar, no se soportaba la fetidez.

Para descansar un rato y hacer la digestión, nos dirigimos al parque. Me senté junto a mi hermana y mi mamá en una banquita, bajo unos árboles. La brisa movía suavemente las ramas, las nubes pasaban despacio y yo las observaba. Ese día parecía que tenía una obsesión con el cielo.

Consideramos que era tiempo de irnos de regreso, emprendimos de nuevo el tedioso camino. Mi papá tomó la carretera que de Suchitoto conduce a Aguilares y luego a San Salvador.

Mi padre no iba manejando tan bien. Hubo un momento en que el carro se golpeó al subir una cuesta. “Anda elevado, tenga precaución”, le dije a mi padre. Vi que llevaba sueño, pero no le tomé importancia.

En la troncal del Norte, paramos para que él se lavara la cara y se le quitara la pereza. Mi mamá abrió la puerta del carro, pero la cerró muy fuerte, mi papá se enojó por eso. “¿Y a vos qué te importa?, te interesa más lo material que nuestras vidas”, le reclamó mi madre, a lo que él afirmó que su carro nadie se lo dañaba.

Cinco minutos después de su pelea, venía observando el volcán de San Salvador. Veía la neblina que se deslizaba cerca de las antenas. Reflexioné lo pequeño que era el hombre ante la inmensidad de Dios. A pesar de ser insignificantes ante su grandeza, él nos ama mucho.

De repente, mi papá empezó a salirse del carril. Recuerdo que mi mamá gritó: “Elías, te saliste de la vía”. Él no reaccionaba, iba como en trance. No sentí los segundos, ya era muy tarde, el carro iba descontrolado. Chocamos contra un poste, ni sé cómo empezamos a dar vueltas.

Yo perdí la memoria por un momento, lo único que recuerdo es que mi hermana clamó “¡Jesús de Nazareth!”, que ella me abrazó y me aventó al otro lado del asiento trasero, porque el lado donde yo estaba iba rozando contra el pavimento. El carro daba vueltas. Creía que era una pesadilla y que todo terminaría al abrir mis ojos. Al fin, después de tres giros paró todo. El automóvil quedó volcado.

Cuando reaccioné ya no estaba en el asiento, sino en el techo del vehículo, pero siempre dentro de él. Mi madre preguntó “¿Todos están bien?”. Gracias a Dios, todos seguíamos con vida e ilesos.

Lo primero que hice fue tocarme mis piernas, las tenía completas, solo con algunos rasguños. Comencé a golpear la puerta para que saliéramos todos. Me sentía desesperada, el carro estaba haciendo cortocircuito. Nadie se detenía a socorrernos.

Abrí la puerta, Dios me ayudó, pues el seguro se destrabó aunque estaba la camioneta al revés. Paró un señor a auxiliarnos, otras personas acudieron al ver lo sucedido.

Eso era para morirse, por la misericordia de Dios, continuamos con vida. La Policía llegó. Ellos se encargarían de llevarnos al hospital. Mi hermana sufrió una luxación en el hombro, los demás teníamos moretes y raspones.

Yo no me iba hasta recoger todas mis cosas del kit anti depresivo de viajes largos y tediosos. Una imagen que me impactó y ha quedado fija en mi mente es El Diario de Ana Frank tirado sobre el pavimento, con el símbolo nazi en la pasta. Me sentía como una judía después de un ataque y mi Biblia al lado del diario, intacta.

Ya calmada, con mis pertenecias completas, me subí a la patrulla para ir al hospital con mi hermana. No miré hacia atrás, dije en mi interior: “Mi vida no ha quedado volcada”.

Han pasado ya dos meses y medio desde que fue el accidente. Mis sueños de siguen vivos, se han vuelto más grandes. He comprobado el amor de Dios, he aprendido a valorar mucho a mi familia. Cuando vengan giros en tu vida y quedes tirado sobre el suelo, levántate. Sigue, sè valiente, puede destruirse todo, excepto tu esperanza.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Es necesario que sucedan acontecimientos de tal magnitud para darnos cuenta del amor de Dios? Muchas veces pareciera que sí.

Por desgracia el humano se acuerda de las personas, cuando existen problemas o suceden malos ratos. A su vez, la Biblia se vuelve el arma perfecta de Dios. Es una barrera protectora. ¿Quién diría que un simple libro, escrito hace muchos años, tuviera tanto valor y destilada este tipo de protección.

Como tú misma lo mencionas en el título, no existe un vuelco a tu vida. Siguen tus sueños y aún más fuertes. El hálito por la lucha constante de hacer las cosas bien, no culmina por una distracción ajena.

Bendito sea la distancia, el carro, la carretera, el sueño, la pelea, tu padre, que los pusieron en ese instante, para cumplir un destino divino.

Existe una frase muy bonita, que complementa todo aspecto. Esta frase es: "El dolor es inevitable, pero el sufrimiento opcional".

Ante cualquier fracaso, nunca dejemos de lado a Aquel que hizo el cielo, el sol, la luna y todo nuestro entorno.

Anónimo dijo...

m encanto tu titulo...!

Anónimo dijo...

puuu a mi m consta q t paso esto O.o gracias a Dios no paso a mas.. q buen texto... a mi m gusto xD

Anónimo dijo...

wow nohe!!!! es mun texto muy interesante!!!! es muy nice tu blog.
lo mas importante es que DIOS es grande e inmenso.el siempre esta ahi cuando mas lo necesitas!

vane dijo...

Wow!!! gracias por compartir esto con nosotros es maravilloso el amor de Dios y que tu y tu familia esten con vida me gusto mucho

Mi vida en mil patadas.... dijo...

Que increíble!!

Realmente acá en tu texto esta más que demostrado el amor de Dios para con todos nosotros, a veces nos pasan cosas inimaginables pero Dios siempre esta ahí para socorrernos y cuidarnos de todo mal.

Me gusta mucho tu blog me parece muy excelente!

Cuidate Bendiciones!!

Monique dijo...

Ese día,como todos, Dios los estaba protegiendo. A veces las cosas pasan para demostrarnos lo maravilloso que es Dios con nosotros. Sigue adelante, me gusta mucho tu blog